#VacíosporLlenar


Él no te mira. Ella no te habla. Tú te sientes. Ellos avanzan. Ellas ejecutan. Tú no te mueves. 

 Hay una fábula del lejano Tíbet, si quieres la resumimos interpretándola sólo para no ocupar mucho más de este café; 

"Senté a meditar cuando él se advirtió de mi presencia. El olfato le condujo a pocos metros de estas manos. Un sudor helado hizo arder mi espalda, la misma que agotada me recordó que no podíamos huir, corriendo no. Cuando me rodeo, atento y elegante, el miedo abrazo todo mi YO, el físico, el que es esclavo de lo que nos sucede aquí y ahora. Sus ojos penetraron el más profundo de mis miedos, el de la soledad, entonces decidí cerrarlos. Él inmune al miedo esperó, pasando minutos, horas que para ellos fueron días, entonces decidí abrir los ojos y él ya no estaba, aquel temido tigre se había ido."

Aplicando perspectiva Coach tal vez debemos preguntarnos: 

 ¿Era temible el tigre o nuestros pensamientos?
Dejo esa respuesta... Bajo el post puedes describirla o salir a dar un paseo contigo mismo, ambas son productivas respuestas. 

 Cuando aplicamos la situación de nuestro amigo monje tibetano (que se presenta como anónimo valiente, porque los anónimos además de sabios suelen ser valientes) a un puesto de trabajo, a la dirección o desarrollo de un proyecto, o simplemente a la escala de valores que supone pedirle un café a "la camarera" quien ocupa un puesto incorrecto, debe estar en la silla del otro lado de tu mesa o al entrenador de "steps" atento, educado, ideal, se escucha un vacío y.... ¿Abuso u olvido? ¿Hola o Adiós? 

Nos puede aterrorizar el hecho de ser omitidos, ignorados (esta segunda se usa más) entrar en batallas que no podemos ganar, no por ser menores, en número o tamaño, en edad o mentalidad, es simplemente por entrar en la batalla que el tigre desconoce. El tigre se sienta delante, detrás, o pasa sin mirar... Que no te aterrorice su presencia, no sopeses el escapar, no apuestes por ganar, simplemente sé quien eres, sé como eres y no te llenes de vacíos. 

 Nada favorecerá la creencia derrotista del marinero cuando este no ve el faro, sus pensamientos se apoyan en la supervivencia de su barco, de su tripulación, de la llegada a casa con quienes más quiere, de ese beso que llena de calor al más frío de sus músculos, de una vez más rendirse sólo ante tu sonrisa.

Nuestro último instinto será el de la supervivencia, pero hasta que este llegue nos queda mucho por vivir y sólo si tu quieres, muchos barcos por tripular y aún más vacíos por llenar.